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  • Foto del escritorAna González Vañek

EL VERDADERO AMOR ES ESPIRITUAL



Cuando se ama a una persona siguiendo los modelos culturales que nos organizan socialmente, existe cierta forma de expectativa. Así funcionan el amor de pareja, el amor familiar, el amor a los hijos, entre otros. Este amor cultural, que imponen los mandatos que regulan nuestra vida en sociedad, es ilusorio y condicional, porque se sostiene en los apegos terrenales. 

En cambio, el Amor Espiritual (también llamado Prīti en la cultura hindú) es puro, incondicional y eterno, sin importar cuáles sean las circunstancias. Esta forma de amor, que es divina y perfecta, porque refleja el brillo de nuestra verdadera esencia, sólo se desarrolla al realizar prácticas espirituales frecuentes y coherentes con el sendero propuesto, siendo ampliamente potenciada cuando la persona encuentra a su grupo de almas, también llamado familia del alma por algunas doctrinas como el Espiritismo y la Kabalah.


Cuando esto sucede, la persona comienza a transitar el camino de su evolución espiritual, que es el propósito de toda la existencia. Ello supone una gran cantidad de desafíos que funcionan a modo de pruebas elegidas por el alma antes de encarnar, con el objetivo de que su amor se eleve y expanda, sin deteriorarse ni diluirse en función de las expectativas del mundo cultural.

El amor mundano, es decir, el amor con expectativas, se basa en aprendizajes heredados y leales a quienes precedieron a la persona en el camino de la ilusión. Pero los aspectos de nuestra naturaleza espiritual no se vinculan con los apegos terrenales, y tampoco hay garantía de que lleguen a ser semejantes o complementarios a la naturaleza de otras almas, ya que cada una de ellas ha venido a aprender algo diferente a todas las demás, y es fundamental que sea capaz de des-cubrirse, reconocerse y respetarse, en éste, su único e inigualable proceso.


Los conflictos emocionales, muchas veces con repercusión en el cuerpo físico, y otros problemas internos, se manifiestan cuando la persona no está siendo fiel a sí misma; es decir, cuando la persona no vive de acuerdo a la naturaleza de su alma. Hacerlo, conlleva un inmenso pero vital proceso de deconstrucción individual y colectiva, que debe privilegar el compromiso con el propio ser, por sobre todas las cosas.

La naturaleza del alma es el Amor Espiritual, concebido a través de la comprensión del alma como esencia individual, única e inalterable.

 

¿Con qué forma de amor nos identificamos?

Quizás sea éste el momento de atreverse a dar un paso en el sendero del amor verdadero: ése que tarde o temprano nos libera de todo aquello que encadena nuestro propósito.

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